viernes, 9 de octubre de 2009

Locura daliniana y obsesión dantesca



Locura daliniana y obsesión dantesca

se empañan sobre el vitral de mi percepción:

sucumben todas las miradas

en un mar de códigos que pierden forma

y luego… ¡fuego!

Psicoanálisis desenfrenado y falto de detalles,

gema perdida en el exhibicionismo parcial de ser

ante los demás.

Sangre que escurre por las paredes de nuestro corazón

y los deseos más escondidos

bombean con tal potencia

que nuestro pensamiento no logra callarlos…

…ese motivo nos dispone a un mundo de disfraces

ya que la fragilidad y levedad del ser

no se ha despojado de aquel día

en que el vino tinto y los manjares

espigaban nuestra tranquilidad

en llanuras de sexo entre burbujas de agua caliente,

la misma agua que hidrata nuestro apetito desértico

del sentido común,

aquel que suple inmediatamente

los vacíos surgentes.

Respuesta de metal y papel

Es la que nos ha dejado sin material

para vivir sin preocupación desde un café sin Internet

o una playa que es testigo de los rugidos eternos del mar,

aunque no se sabe a ciencia cierta

si la arena ruge al sentirse invadida por el mar,

o si es el mar el que ruge de éxtasis

por no saber nunca si termina aquí o allá,

condenado para siempre a un límite variante.

Como el mar y la playa es la relación de todos nosotros:

entre un telón infinito de papeles a representar

ruge estruendosamente

la necesidad de relacionarnos.

Es un bacanal de ritos maquiavélicos

donde el más puro sentimiento

es feliz por el hecho de ser,

pero poco comprende que es por el otro.

Es descontrol además de incomprensión,

porque este mundo no es para comprenderlo

ni para alinearlo con la cordura a través del control

ya que vivirlo es el camino

que nos lleva al lugar inexistente

para este mundo donde todos habitamos

bajo la armonía del latido que nos mantiene vivos.

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