
Ella lo miró y en su lenguaje alardeó buscando atraerlo hacia su cama - es allí uno de los lugares donde concluyen en últimas, nuestros deseos con el sexo opuesto: territorio, reproducción y alimento. Su contextura era atlética y si bien, su rostro no era el más icónico hablando de belleza, ella poseía una magia, un atractivo que poseen sólo algunos de cada especie. Un imán que asegura la reproducción, un misterioso y cadencioso juego entre su pelo ondulado, largo y simulando una melena de reina de la selva junto con sus hombros perfectamente brillantes como quien mira una perla destellar bisos ostentosos y de hermosura tal, que sus senos delicadamente justos adornaban el tronco de un abdomen plano y una cintura tan latina como el color de su piel: morena y más morena cuando se paseaba por un clima cálido donde el sol repasaba una y otra vez la intensidad de aquel tono que enloquece a muchos hombres y a este más que a ninguno. Sus caderas simplemente eran un juego diabólico, si concebimos el mito de la morada luciferiana hacia las entrañas de donde pisamos y por esto, no había más remedio que pretender despojar tal mujer de la ropa que la vestía de la cintura para abajo para ver, sin remordimiento alguno y con el desenfreno pasional que lleva su recuerdo, hacia uno de los tres lugares que podría llegar a permitir penetrar con los deseos... su pubis era prominente, deliciosamente prominente y tan tentador como las generosas nalgas que interrumpían con evidencia el curso entre su espalda y las piernas que usaba para caminar, para enredar entre su sexo y en el día que nació este relato para impulsarse en el trampolín de la piscina donde él descansaba y trataba de recuperarse de los excesos de horas anteriores.
Su número se repitió por más de cuatro veces y fue innegable que lo atrajo - no lo suficiente - y lo hizo fantasear con su aire deportista y atlético. Sin embargo, él continuaba con el reposo característico de los habitantes de Bogotá: resaca suavizada por piscina de condominio y baños de sol de corta duración, un almuerzo de alto contenido proteínico animal y la compañía de un tío paterno con inclinaciones etílicas pares y una familia de esposa e hija que ya no era tan similar a la de él, quien para aquel entonces, terminó definitivamente su vida junto a la madre de su hijo que estaba en casi todas las situaciones y se convirtió por alguna razón en el puente para que ella llegara hacia él, él hacia ella y más tarde, buen tiempo después, en razón de su distancia.
Este pequeño ser, con tres años de vida y un flotador que pretendía ser seguro, se confabularon para que ella notara como en la piscina más pequeña, una tira de plástico resistente se introdujera angustiosamente en el lugar que los hombres heterosexuales tememos poner en juego. Así fue como él y ella iniciaron la conversación y aquel niño que desde siempre tuvo facilidades con el lenguaje oral, dio las primeras luces de quien era su progenitor. Claro, dejó en evidencia que era un borrachín soltero y muy entregado padre, no como muchos hombres que dejan el asunto de los hijos a las madres y las abuelas. Este era un padre de los que se enamoran de sus hijos y les celebran hasta el mínimo logro y a veces son peligrosamente blandos creando niños un tanto caprichosos y retadores. Él saludó amablemente como había aprendido en casa, ella respondió de manera efusiva como siempre lo hacía - era parte de su personalidad - y no por la presencia de este joven padre a quien quería mostrarle un poco de sus gustos preferidos: el sexo. A quien no, preguntaría cualquier persona en edad activa, lo curioso fue que él hasta ese momento no lo había escuchado tan directamente de una mujer y tan de prisa pues a los pocos minutos, ambos con el agua hasta el cuello, sentados en un escalón de baldosín azul claro de la piscina y las amenazas de lluvia, tranquilamente afirmó: "lo mejor para estar feliz es el deporte y el sexo". Esa frase lo dijo todo y él que es un hombre tímido pero arriesgado, no tuvo temor de responder con el mismo lenguaje luego de un cruce de palabras zambulléndose un poco y besando con su lengua el ombligo atravesado por el piercing de pepas negra y violeta que ella tuvo por mucho tiempo más. La conversación no fue muy larga pero fue suficiente para que ambos supieran que el lugar de estudios de ella coincidía con el del trabajo de él, también para que la elocuencia y la mirada de ella demostraran su aguda inteligencia, otra de las cosas que verdaderamente enloquecen a un hombre cuyos sentimientos son tan nobles como una tarde con esos abuelos que regalan golosinas y permiten todo con esa cara alegre y el amor en sus recorridas manos.
Él se marcho con un número de diez dígitos en su memoria, ella se quedó con la incertidumbre - según contó después - de si volvería o no a cruzar con aquel sujeto, ambos querían culminar lo que habían empezado. Por esto, sin mucho pensar él guardó el número en el celular de la esposa de su tío y volvió a su reciente morada de soltero junto con sus anhelos de juerga y ella solamente condujo en el auto familiar rumbo a casa y con los pensamientos a millón como suelen hacerlo casi todas las mujeres cuando se les atraviesa algún hombre que cruza cierta línea imaginaria que quien sabe quien conoce.
Él llamó, ella contestó y como queriendo mostrarse sorprendida aceptó la invitación que no por vanidad, él sabía que cumpliría la mujer de los clavados en el trampolín. Fue directo, fue concluyente y a la vez introductorio... una película en casa de cine español que para esa época era el preferido para él por su dramatismo, por el contenido pasional y las historias con un poco u mucho de bizarro, de complejo, de animal, lleno de desenfreno como aún sigue siendo su vida. No porque sus días enteros sean así, ya que la gran mayoría son profundamente monótonos y calmados, pero en ocasiones quisiera vivir como si el apetito se le fuera a extinguir y quisiera no arrepentirse nunca en su vejez de haber privado su cuerpo y su mente de los placeres de la vida: sus placeres. Por eso decidió sin preámbulos atrapar con sus labios y su lengua a semejante mujer, que minutos antes le había advertido que los preservativos que reposaban en la habitación era mejor guardarlos pues no los iban a usar, queriendo dar el mensaje de no soy mujer fácil y el interés no es determinar si lo era o no, el caso es que era una locura para él dejarla ir sin amarla y fue más locura amarla: se enamoró. Su sabor, su figura, su voz, su sentido del humor, su historia corta... no lo sabe, nunca lo averiguó pero luego de un acto de sexo en el que él quiso entregarle ese amor que lleva todo el tiempo en sus ojos, en su forma de comprender el mundo y en su melancólico discurso la tomó en sus brazos y le dejó claro que su tarea no era conquistar chicas y mucho menos ella pertenecía a una lista de ese tipo.
Ella, cansada de algunas cosas de su vida pasada de las cuales él nunca supo mucho, pues como niño él siempre se llenaba de coraje y pretendía ser su único dueño reaccionando con furia irracional, terminó por activar las defensas naturales de ella quien se dejó cautivar por un tiempo pero no el suficiente para decidir entregarse al vacío como él lo hacía. Ella más dueña de sí mostró por mucho tiempo su fervor hacia él y lo amó hasta que se cumplió aquel dicho popular del que sube como palma y cae como coco... fue una historia en balance triste, llena de momentos apasionadísimos y gestos del verdadero amor que sólo los niños saben dar, pero hoy, luego de caminar en la tarde lo encontré a él y en sus ojos pude verlo abyecto con el dolor jamás imaginado, con un luto que supera la muerte porque pude ver como la muerte se lleva a quien quieres, pero este hombre tenía su mente en todos los segundos futuros hasta que su corazón dejara de latir, viendo instante a instante al amor de su vida por quien luchó y quizás no supo luchar, a quien quiso proteger mas la hizo vulnerable...
Lo vi en el lugar que lleva sus recuerdos y sus anhelos, pero ahí ya sus recuerdos no lo dejan vivir y sus anhelos son como la arena que va despojando el mar por más que lo intentes una y otra vez. Vi en su rostro la desilusión y casi logro ver como sus átomos quieren unirse a otros para dejar de ser él, pues sin mayor pretensión de mostrarse suicida se agotó de ser él pues en medio de su romanticismo estúpido y sobretodo innecesario en nuestros días dijo sin ser escuchado: "siempre te quiero bien…" y comprendió que sin él sería la mejor forma en que ella lo lograría así significara su muerte en vida.




